
La elección tiene que ver con la personalidad del líder en cuestión ya que facultar exige desarrollar competencias y habilidades muy distintas a las de ser un mero supervisor al modo de la primera revolución industrial, pero los frutos son realmente distintos también.
El primer requisito para ser un líder inspirador y mentor de los colaboradores demanda de nosotros la capacidad de instruir y desarrollar a los miembros de nuestro equipo de acuerdo a sus necesidades y expectativas particulares.
Para ello tendremos que tomarnos el tiempo para comunicarnos productivamente con ellos con el propósito de conocerlos a profundidad para determinar así los medios y códigos que ellos prefieren para aprender y desarrollarse.
También tendremos que hacer un diagnóstico para entender dónde se encuentran hoy y dónde quisieran estar en el futuro.
Facultar a quienes trabajan para nosotros exige destinar un tiempo exactamente para eso, pero a mediano plazo da frutos que nos soprenden.
Así es, los colaboradores que son facultados realmente se muestran dispuestos a formar un equipo de trabajo de alto rendimiento y no sólo se sienten un grupo unido por la jerarquía y estructura organizacional diseñada "desde el escritorio".
Las personas facultadas desarrollan la capacidad de aprender y aprehender por sí mismas y de ser proactivas en la realización de sus funciones: esto ayuda a todo el equipo a lograr los objetivos y metas planteadas de formas más creativas y expeditas.
Vale la pena intentar esta manera de ser y hacer el trabajo en las empresas: no olvidemos que pasamos más tiempo de nuestra vida en estas instituciones que en ninguna otra incluyendo la familia.
3 comentarios:
Y de esa decisión nacerá también el clima laboral ue se respire en el centro de trabajo. Me ha parecido una entrada muy buena y oportuna. He tenido ambos tipos de jefes.
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Saludos.
Gracias y estoy de acuerdo...el jefe capataz reina a través del miedo...miedo que le gusta inspirar para ocultar sus incapacidades
Hi,
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